La llama que no extingue,
la llama que no se apaga,
la llama que resplandece
en todo y en la nada...
La llama que purifica
con su toque de gracia,
que consume y devora
lo que fácilmente se acaba;
que alimenta el fuego
sagrado que aviva el alma.
La llama de los ojos que aman,
de las voces que no callan,
de los pasos que caminan
sin detener su marcha.
La llama de la infinita pasión
y de la efímera espera;
que hace eterno el instante
y fugaz la ausencia.
La llama en el beso
de los labios que lo aprisionaron
durante el tiempo del imposible;
del pecho la llama que arde
cuando cada latido es la letra de un nombre
grabado a fuego en los pilares
del altar donde refulge.
La llama de cada nota musical
que compone la música de las esferas
y que enciende la hoguera
que bendice la danza ritual
en cada equinoccio de primavera.
La llama, en fin, del silencio melancólico
de la memoria que no duerme
mientras alba y ocaso se suceden
a orillas del océano del tiempo,
donde los días se diluyen
en segundos de arena...
Llama de estrella,
divina y mundana;
llama sagrada que profana
los templos del olvido
para edificar la memoria de lo eterno.
Llama que nos acompaña
desde el inicio del sueño****
Un gran amigo realizó esta magnífica traducción y la adornó con la imagen que le antecede. Gracias a él por la musicalidad que le añadió al poema y por la fantástica imagen*
CHAMA SAGRADA
chama que não extingue
que não apaga
chama que resplandece
no todo no nada
... chama que purifica
com seu toque de graça,
que consome que devora
o que facilmente se acaba;
chama que alimenta
fogo sagrado e aviva a alma
chama dos olhos que amam
das vozes que não se calam
dos passos que caminham
sem deter sua marcha
chama da paixão infinita
da espera efêmera
que faz eterno o instante
e fugaz a ausência
chama no beijo
dos lábios que o aprisionaram
durante o tempo do impossível;
chama que arde no peito
quando cada batida é a letra de um nome
gravada a fogo nos pilares
do altar em que brilha a brasa
chama de cada nota musical
que compõe a música das esferas
e brota da fogueira
para bendizer a dança ritual
em cada equinócio da primavera
chama, por fim, do silêncio melancólico
da memória insone
ainda que a aurora e o crepúsculo se sucedem
nas margens do oceano do tempo,
em que os dias se diluem
em segundos de areia...
chama de estrela,
divina e mundana,
chama sagrada que profana
os templos do esquecimento
para edificar a memória do eterno.