jueves 13 de octubre de 2011


Su sonrisa ya le esperaba cuando ella abrió la puerta. El saludo convencional no habría hecho justicia a la intesidad del momento, así que ella se lazó a abrazarlo. Él se quedó perplejo pero sus brazos, siguiendo un propio impulso que más que voluntario fue incontenible, la rodearon por la cintura y la apretaron como si en ese instante el mundo se fuera a acabar y él quisiera cruzar el umbral que separa la vida de la muerte con ella a su lado, como si fueran una sola entidad.

El beso, consecuencia lógica de la escena que empezó con la sonrisa y el abrazo, no fue como ella se lo había imaginado tantas veces: apasionado, osado, breathtaking... No. El beso fue pausado, mesurado, tan tierno que no parecía nacer del oleaje de una pasión contenida sino del mar en calma de un amor profundo.

Duró... Ella diría que muy poco. Y él pensó que se les había ido toda la vida en esos pocos segundos. No pudieron ni mirarse, como sucede en las películas luego de los besos, fijamente y sin decir nada, porque apenas sus labios se separaron, aún enardecidos y húmedos, un conjunto de voces comenzó a acercarse hacia el umbral en el que estaban y ellos solo tuvieron tiempo de separarse unos convenientes centímetros antes de que esas voces les saludaran y ellos respondieran al saludo como si un minuto antes no hubieran estado juntos. Tan juntos...

Solo una mirada atenta se percató de que la atmósfera estaba enrarecida por un tenue magnetismo. Y, como era una mirada atenta, encontró rápidamente los ojos de él y los de ella. Pudo ver que no veían este mundo, sino que se hallaban inmersos en la contemplación de otro instante. Y tampoco se le escapó la fingida indiferencia del beso de despedida que él y ella se dieron en la mejilla. Fue demasiado casual. Si se hubieran abrazado como siempre que se encuentran -pensó la mirada atenta- no se hubiera notado el casi imperceptible temblor de sus voces cuando dijeron: "Chao. Nos vemos mañana" "Bye".

Además, mientras ella se alejaba, el viento soplaba fuertemente y la despeinaba, pero ella parecía flotar. Esa imagen fue tan surreal que terminó por confirmar las sospechas de la mirada atenta. Eso... Y la sonrisa de idiota que no se le quitó a su amigo en lo que restaba del día...

9 palabras que destellarán en esta noche..:

Janeth dijo...

Cada una de las imágenes vivas que aparecen en tus escritos son como una semilla que puede abrirse en la imaginación proyectándose en cientos de ramas y abarcando el espacio mental completo

Antonio H. Martín dijo...

Me encanta, Isis, me encanta.

¡Gracias!

Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

El de la mirada atenta sabe mirar.
Y vio como brillaban bajo la piel.

Besos.

ANTIQVA dijo...

Cuando nos abrazamos, en cosa sabida, despedimos luces que ciertas personas son capaces de captar a varios kilometros de distancia...

Es cosa sabida, amiga... Cosa sabida...

Un abrazo fuerte, Isis

coco dijo...

¿Enamorada?

LIRIO dijo...

Hermoso relato: el ritmo, la cadencia, el contenido...
Me encanta ese personaje enigmático que todo lo contempla con su "mirada atenta". ¿Quién es? ¿Qué siente? Eso es lo que da un sello particular a tu relato.
Un gusto pasarse por acá -como siempre.
Un beso. Isis

vuelvoamante dijo...

genial,como siempre pequeña musa de mis noches. Te dejo un regalito, para cuando quieras visitarme... http://vuelvoamante.blogspot.com/

Malvada Bruja del Norte dijo...

Genial Isis, lo mejor que te he leído, sin duda :-)))

Rayuela dijo...

cuidémonos de las miradas atentas...


y me siembra dos dudas...
por qué la perplejidad de él?
quién es "la mirada atenta"?

tu relato es maravillosamente visual, cinematográfico.

besos*