Me ha encantado la poesía desde que era muy joven. Fue como el primer vislumbre que tuve de la belleza inefable. Cada vez que leía poesía mi alma se extasiaba y yo, gracias a mi innata facilidad para fantasear, me entregaba al caprichoso viaje de mis pensamientos a través de imágenes de ensueño.
Suspiraba cuando leía poesía amorosa y soñaba con mágicos encuentros e idílicos romances... Y sentía inflamárseme el pecho con patriótico fervor cuando leía poesía épica. Y rozaba la esfera de lo divino con las visiones que dibujaban los versos de una poesía mística, con su perfume de eternidad...
Yo misma hice intentos por escribir poemas... Algunos resultaban realmente bien y otros eran desastres literarios llenos de absurdo sentimentalismo... Algunos resultaban bellos y conmovedores y otros no eran más que desahogos que sonaban más a lamentación que a elegía :)
En fin... Siempre me ha gustado leer y siempre me ha gustado escribir, aunque no siempre he logrado hacerlo bien. Un día (tenía 17 años), gané un concurso de cuento y pensé que era el comienzo de una brillante carrera como escritora. Me equivoqué ;) Otro día (casi diez años después), llegué a publicar, en co-autoría con otras personas, un libro que no era ni novela, ni cuento ni antología poética... Era un libro más... 'académico'. Estando la edición general a mi cargo, sentí que estaba realizando un trabajo importante y que ese, ese sí, sería el inicio de mi brillante carrera de escritora. También me equivoqué ;)
Y llegó otro día (de unos dos años después) en el que fui con una copia de un cuento fruto de la inspiración más sorprendente (porque sentía que el libro se escribió solo, a través de mí) y que realmente me gustaba, a una editorial para que lo publicaran. Sentía que tenía contenido, que era interesante, inspirador, bien escrito (es decir... aceptable en términos de calidad en el uso de la prosa ;) y que además trataba, palabra por palabra, de aquellas cosas de las que siempre había querido escribir...
Días después llegó la tan ansiada llamada telefónica: me tenían una respuesta y me esperaban esa tarde en las oficinas de la editorial para conversar conmigo. Cuando llegué, estaba expectante. La secretaria me recibió amablemente desde un escritorio al que circundaban estantes llenos de libros publicados por esa empresa y entre los cuales me permití ver la imagen de la posible portada que adornaría al mío, como uno de esos 'recuerdos del futuro'. Mi fantasía se vio interrumplida cuando por fin me hicieron pasar a la oficina del director: un destacado escritor que, coincidencialmente -o no- jugó un papel muy importante hace tantos años cuando gané mi primer concurso literario, pues el concurso se trataba de terminar un cuento comenzado por un renombrado escritor y él, quien en ese momento me esperaba detrás de su escritorio, era el autor del cuento que yo había terminado.
Después de una amena charla de bienvenida, me dijo que con mucho gusto publicarían la obra, cuya copia me devolvió acompañada de una elocuente carta llena de elogios y recomendaciones para su perfeccionamiento. Entonces no pude evitar pensar, nuevamente, que ESE SÍ era el inicio de mi brillante carrera de escritora. El pensamiento aún estaba tomando forma cuando escuché la otra mitad de la respuesta: yo tenía que pagar una X cantidad, pues la editorial me ofrecía la publicidad masiva de mi libro, su colocación en el mercado y los réditos económicos pertinentes, a cambio de aquella 'pequeña' inversión. Como no tenía el dinero, el destacado escritor me sugirió que hiciera algo para conseguirlo porque -y cito-: "con esa sonrisa y esos ojos usted puede conseguir lo que sea".
En realidad, el escritor en cuestión es un ser humano realmente admirable y amable. Pero a pesar de su fe en el poder de mis... 'encantos' ;) y de su aparentemente esperanzadora respuesta, no ayudó realmente al inicio de mi brillante carrera de escritora (que para ese entonces ya no resplandecía tanto como la primera vez que la soñara porque habían pasado ya varios años). La realidad era sencilla: si tenía el dinero, publicaba mi libro. Si no, no (y que conste que recuerdo haberle sonreído durante todo el tiempo que duró nuestra conversación ;)
Al comienzo pensé en todas las alternativas posibles hasta que después, como sucede cuando se deja de creer en los propios sueños, la idea se me fue haciendo menos urgente y casi sin darme cuenta ese asunto pasó a ser secundario hasta que con el tiempo, solo de vez en cuando me asediaba algún pensamiento que había sobrevivido al naufragio de mi voluntad y me recordaba que tenía algo 'pendiente'... "Ah sí... Ya veré el modo", me decía...
Después de mi gloria inicial (mi primer concurso literario ganado), gané otro. Pero escribí la obra con otro nombre porque en ese entonces vivía en una ciudad de la cual había que ser nativo para participar en el certamen. La persona a cuya autoría adjudiqué -voluntariamente- mi obra, resultó ser el elogiado mientras que yo me sentía asaltada por la inquietud de no haber hecho algo moralmente correcto. Si bien es cierto no perjudicaba a nadie, pero había mentido. Y no me gustaba reconocerme como mentirosa. Me sentí fatal.
Pues me recuperé del golpe moral habiendo aprendido una gran lección y sabiendo que nunca más cometería el mismo error y entonces sucedió lo de la publicación del libro 'académico' ;). Si bien puede considerarse como mi primera obra publicada, no era eso lo que buscaba.
¿Pero qué es lo que busco?
Un día leí una frase (¡¡¡de Borges!!!) que decía que para ser escritor no es necesario ser reconocido como tal. Para ser escritor hay que escribir. Y punto.
¿Se imaginan la emoción que sentí cuando Borges 'me dijo' que yo YA era escritora? ;)
Pero no... No es suficiente. También quiero que alguien lea lo que escribo. ¿Por qué considero que lo que escribo es digno de ser leído? ¿Por qué esa necesidad de compartir...me?
Confieso que mi blog alivió la desazón que me asaltaba cuando pensaba en que todavía no había hecho aquello que tenía 'pendiente' desde que me soñé por primera vez como escritora... Y hasta cierto punto, este espacio fue mi refugio cuando quise escapar de esa vocecita que me molestaba diciéndome que no me engañara... Que NO HABÍA CUMPLIDO MI SUEÑO TODAVÍA.
La voluntad es algo que, si no se ejercita, va disminuyendo con el paso del tiempo. Un día leí algo que comparto absolutamente y que parafraseo porque tengo pésima memoria para citarlo textualmente (es que claro... esta vez no se trata de un elogio a mi persona jaja): la vida nos pone obstáculos para probar la fe en nuestros sueños y nuestra voluntad para realizarlos. En mi caso, esos obstáculos han sido de toda índole: desde emocionales hasta económicos. Pero ninguna circunstancia ha logrado hacerme desistir, aunque muchas veces me haya dejado ganar por ellas y por eso haya retrasado tanto la concreción de alguna meta que, si contara con la fuerza de voluntad necesaria, no tendría que haberse dilatado tanto...
Solo hay algo que de verdad me reconforta y que no es una pseudo-excusa para justificar mi falta de voluntad: sé, con total certeza, que toda mi vida me he dedicado a aprender el oficio de ser escritora. Aunque no haya publicado mi ansiada primera obra que sería el inicio de mi carrera literaria, sé que todo lo que he leído, escrito, aprendido y caminado, es parte de mi preparación. De alguna extraña manera siento que todo, TODO, me conduce a un solo punto de llegada. A lo mejor esto ya rebasa mi propio interés y si siento el llamado de hacerlo es porque así debe ser. Por lo tanto, quiero escribir y quiero que la gente lea lo que escribo porque siento que ... así debe ser.
Les puede parecer la respuesta más simplona, acaso algo presumida y hasta prepotente. Pero es la más honesta que puedo darme y que puedo darles. No obstante, he de serles totalmente sincera: escribo porque amo hacerlo. Porque es una de mis pasiones. Y quiero publicar un libro porque siempre he soñado ver esa portada entre mis manos... Lo que pase después se lo dejo a la vida...
En esta época de renovación, quiero renovar mis sueños y por eso he escrito sobre ellos. Porque la palabra es mi destino, mi medio y mi camino. Y con palabras renuevo mis sueños y el compromiso conmigo misma para volverlo propósito de año nuevo, reflexión de Navidad o motivo de esta noche...
Da igual...
Pero es necesario que lo haga. Y que recuerde que estoy viviendo otro gran sueño que tuve desde niña y que muchas veces llegué a creer irrealizable (pero ese es motivo de otro post ;) Así que... LO 'IMPOSIBLE' ES SOLO CUESTIÓN DE TIEMPO...
A todos ustedes, AMIGOS que he conocido y he aprendido a querer, también a través de la palabra, les dejo un abrazo inmensamente grande y el deseo de que nunca les falten sueños para renovar, en el instante de despertar hacia nuevas oportunidades que es el primer rayo de luz en el amanecer de cada día...
¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!
Y que nunca les falte tampoco, aquello que será mi deseo personal para este año: LA VOLUNTAD PARA CUMPLIR ESOS SUEÑOS...
¡¡¡¡ FELIZ 2011 !!!!
Permítanme, pues, terminar este post con mi primer poema, ese que adorna este blog, esta noche, como si fuese su estrella más brillante (la estrella que me guía en las noches reales). Mi primer poema que escribí cuando tenía apenas 15 años y que hasta ahora me hace recordar el instante en que vi a la mujer que algún día sería:
En el imperio de la luna llena
una mujer atrapa estrellas
la vida sin saberlo pasa
y se lleva las noches bellas
Aquella mujer tiene en el alma
el fulgor de un lejano ensueño
el tibio impudor de un sueño que calla
y a la primavera se va por el viento
La mujer atrapa estrellas...
Abre la puerta hacia la pureza
y dentro de un cristal las guarda
esperando que nunca se pierdan...
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* Joaquín Sabina