lunes, 28 de diciembre de 2009

EFEMÉRIDES


Sucedió en una mañana como esta, hace algunos días. Una palabra llegó a mi mente:
Efeméride... Simplemente salió de la nada.

¿La había leído en algún libro recientemente? ¿En algún blog? ¿Una brisa del recuerdo sacudió la hoja seca en la que estaba escrita y que dormía desmayada en el otoño de mi subconsciente?

No supe de dónde salió pero me sonaba interesante... Incluso musical: Efeméride... Y por eso me la repetía una y otra vez a distintas horas del día. Sé que fue en una mañana como esta porque cuando la escuché en mi mente abrí los ojos y miré por la ventana del coche en el que viajaba. Había mucho sol... Un sol radiante, de esos soles que solo se ven en la mitad del mundo ;) Y no era cualquier sol... Era el sol del 21 de diciembre, el sol del solsticio de invierno.

Con menos insistencia, mi mente me repitió la palabrita en los días sucesivos... Efeméride... Efeméride... No sé por qué sentía que la conocía, que sabía su significado aunque si en ese momento alguien me lo hubiera preguntado, no hubiera podido explicárselo.

Llegó la navidad. Y pasó ;). Una noche después de navidad, recibo un correo electrónico de una amiga muy querida. Me hacía llegar una postal de su propia creación. En el casillero de 'asunto' del correo, se leía... EFEMÉRIDES.

Los buenos deseos de su generoso corazón llegaron con el asombro que me produjo la palabrita... Esas sincronías, si bien ya no son nada raro para mí, siguen sorprendiéndome. Abrí el correo y vi la postal... Una preciosidad, como todas las cosas que crea su talento. Un bello amanecer, tan parecido a aquel con el que había adornado mi blog en navidad, resplandecía en el fondo de la foto, ensombreciendo la materialidad del mundo, sobre la cual se leían las bellas palabras escritas por mi querida Gárgola:

Las efemérides no conocen
los tiempos de la parsimonia...
Los calendarios no entienden

las estaciones del corazón


Algo entendió mi corazón en ese instante, porque se encogió... Y sentí una leve presión en el pecho que me obligó a mantener mi mirada fija en esas palabras. Supe entonces que mi corazón las recibía como un presagio... Un presagio de algo, pero no sabía de qué...

Las efemérides no conocen
los tiempos de la parsimonia...


Las efemérides son ciclos que siempre retornan. Es lo que deduje cuando por fin investigué el significado de la palabra. Son tiempos que regresan. Son momentos que reviven. Incluso son 'instantes' del cielo. Configuraciones astronómicas que se ven en un determinado momento... Y hasta mapas de esos momentos. Mi amiga, en su infinita sabiduría, sabe que para las efemérides el tiempo mundano pasa lento, sin importar... Porque las efemérides se miden desde la eternidad. Supongo que lo sabe porque a ella le encanta observar el tiempo. Le encanta jugar con él, crearlo, transformarlo en palabras.

Los calendarios no entienden
las estaciones del corazón

Tuvieron que pasar algunos días más para que las siguientes palabras revelaran aquello que anunciaran días atrás desde la pantalla de mi ordenador y que mi corazón supo apenas las leyó pero que en ese instante tan solo se tradujo por un hoyo negro en el centro de mi pecho. Mi corazón me lo reveló claramente: de una palabra a otra, de una mirada a otra, el tiempo no pasa. El corazón mide el tiempo en estaciones, no en segundos, días ni meses... El corazón mide el tiempo desde la última primavera en la que floreció, pasando por el otoño de la nostalgia que lo oprime, hasta el invierno en que siente el brote que duerme bajo la escarcha de la nieve y que anuncia su renacer... Esto también me lo reveló mi querida amiga cuando en un comentario me escribió: "Bajo la escarcha de hielo que ahora cubre el campo, está el brote que florecerá en la primavera".

¿Ya les he contado que vivo en la mitad del mundo? Las estaciones se suceden de diferente manera en los dos hemisferios... Pero aquí, en este punto del planeta que está dividido entre los dos hemisferios, las estaciones parecen sucederse a lo largo del día... A lo largo de la semana... A lo largo de un mismo mes. Y mi corazón se parece a la tierra en la que palpita. Recuerdo la vez en que una carta fue su equinoccio de primavera, cuando se sintió 'más cerca' del sol del amor. Y recuerdo cómo floreció en esa primavera. Recuerdo cómo en un marzo se despidió del sol que lo abrigaba y cayó en el letargo de un invierno en el que el tiempo se congeló. Recuerdo también cómo un abrazo le devolvió la vida y lo hizo renacer con el sol de la pasada navidad...

Efemérides...

Ahora entiendo el significado de la palabra... Ahora, que pareces estar volviendo... La historia de mi vida contigo, en cambio, se cuenta en efemérides. En largas ausencias: de ti, del tiempo que no pasa, de calendarios que no importan; y en retornos que no espero, que no imagino, que dependen de alguna configuración cósmica que no sé cuándo sucederá. Pero al parecer mi corazón lo sabe y anuncia tu llegada en cada estación. Yo lo supe hace mucho: no soy dueña de esta historia. Es el destino el que marca las estaciones en las que se ha de contar. Y yo solo espero... Nada más.


lunes, 21 de diciembre de 2009

EL REGRESO DEL SOL




En todas las tradiciones a lo largo del mundo y de los tiempos se celebra en una época del año la fiesta de la natividad. Bajo formas rituales diferentes, todas celebran el mismo mito: la llegada del rayo del Amor, el nacimiento de un salvador, el regreso del sol tras la noche más larga del año...

En definitiva, todas coinciden en que algo nace. O renace.

Para mí siempre ha sido una tradición realizar la Ceremonia del Fuego Nuevo en cada solsticio. Esta renovación del fuego implica, básicamente, dos cosas: encender el fuego interior y dejar que este consuma lo que ha de ser consumido. El fuego es el elemento que transmuta, tanto externa como internamente. Encender el fuego significa renacer, muriendo a todo lo anterior. Un año se acaba para que otro comience y así la rueda de la existencia gira incesantemente en ciclos de vida y muerte.

Por eso, he querido brindarles a todos mis queridos amigos que pasan por mi noche, un poco del fuego que renace en esta época. Es mi forma de honrar al sol que renace tras la noche más larga del año y de honrar el amor de Jesús y el nacimiento del niño Baco, el niño eterno que desde las profundidades de nuestro ser ríe lleno de fe y asombro para iluminar el mundo.

Que este fuego resplandeciente, espléndido, potente, logre recordarnos que cada amanecer es un renacimiento...

No es coincidencia que en estas épocas se hable tanto del amor, de abrir el corazón. Pues él es nuestro sol...

QUE LA LUZ DEL SOL ILUMINE CADA UNO DE SUS INSTANTES. QUE SU FUEGO INTERIOR ILUMINE CADA UNO DE SUS PASOS Y QUE EL AMOR LEGITIME CADA UNO DE SUS ACTOS...

Son los humildes deseos de su amiga, para todos quienes han hecho de esta noche mi verdadero hogar:

Antiqva y su bella María, Antonio (el lobo nocturno ;), Ale, Buodika, Cristal (la de la mirada transparente ;), Helena (la de las buenas noticias ;), Fero, Toro Salvaje, Gárgola, Liz (la pintora de sueños ;), Karol_a, mi querido corazón azulgrana, Alijodos, MenteSueltas, Carlos (el de la mitad del mundo ;), Juachán, El Ente, Juan Escribano Valero, Kamra, Aheo, Patri (la de las alas multicolores ;), Adrisol, Elsis, Natacha (la que habita el país de la luna ;), Xavs, Alma, Isabel Romana, Susuru, Marinel, Manuel (el dibujante de Eco ;), Janeth, Rubenlois, Aheo, Afolfo Payés, Juanán Urkijo, María (la de la pluma de cristal), Inuit, mi herma Lilah Galáctica, Cleo, Magic, Véu de Maya, Leinad, Vito Coppola, Ariadna, Miguelo, Isaac, Malvada Bruja del Norte, Polux, Apolo, No Surrender, el arlequín mexicano, Osvaldo, el poeta del desván ;), Navegante del Alma, Petita, Sunny, Alter Ego, Emig, Florence, Quirón, Yandros, África, Marysol, Verbo, Mariella (quien siempre deja miguitas de ternura ;), Jane Eyre, Gilda, Kokoro, Suri, Sendieva........

A todos sus alter egos ;)

Y a todos los que pasan por esta noche.

MIL GRACIAS POR BRINDARME UNA RAZÓN MÁS PARA AGRADECER A LA VIDA POR ESTE AÑO QUE SE ACABA

Que este fuego les haga llegar todo mi inmenso cariño y gratitud...

Y que a sus vidas llegue todo aquello que sueñan.

Les ofrezco también esta hermosa melodía que expresa de mejor manera todo lo que siento... Una parte de la que es para mí la obra más excelsa de un ser humano excepcional... El magnífico Beethoven la compuso cuando ya estaba SORDO. Tal vez la única forma de escuchar la música de las esferas, la melodía cósmica de los rayos del sol cuando amanece o de las estrellas cuando resplandecen en la noche, sea con el alma. Si un hombre casi completamente sordo componía música extraordinaria, lo imposible quizás sea solo aquello en lo que no creemos...





¡¡¡FELIZ RENACIMIENTO!!! ;)

domingo, 13 de diciembre de 2009

WU WEI


En mi país existió un gran hombre. Un sacerdorte jesuita que murió en el año 2005, a los 91 años de edad.

Su nombre era Marco Vinicio Rueda. Este sacerdote jesuita se dedicó gran parte de su vida a divulgar el Zen, el camino hacia la paz interior, como él lo definió en una de sus tantas conferencias.

Obviamente, yo empecé a conocerlo cuando ya había muerto. Pero eso no me impidió acercarme a su obra y a partir del primer momento de asombro -un padre JESUITA divulgando nada menos que una doctrina oriental milenaria-, este acercamiento constituyó también mi primer acercamiento al mundo Zen. Luego vendría a guiarme por este camino la imagen luminosa de Karlfried Graf Dürkheim y de otros pioneros en difundir en Occidente el ingente resplandor que resulta de abrir el baúl que guarda los tesoros del Tao.

Y claro, bajo la tutela de un maestro que se preocupaba de hacernos vivir todas las enseñanzas que recibiéramos para que no quedaran en letra muerta -lo cual, debo decir, lo hacía a la perfección aunque eso significase duros momentos de prueba para mí-, el camino del Tao se fue convirtiendo en una actitud hacia la vida que tendría sus efectos en mí hasta el final de mis días.

Y aunque no fuera la única fuente de la que bebí, ciertamente es una de las que calma mi sed y hacia la cual vuelvo incesantemente, en busca del manantial que nunca deja de brotar.

Releer libros es algo que no considero tarea ociosa. Entre las posibilidades que nos brindan está precisamente aquella de revelarnos lo que en una primera mirada se nos pasó inadvertido y es por eso que entiendo a quienes dicen que los libros son fuentes inagotables de saber, aunque para mí existe una explicación más mágica y menos trillada que tiene que ver con la sincronicidad de la que tanto me gusta hablar. Y escribir ;) A veces necesito releer los libros en los que intuyo que alguna vez vislumbré la respuesta que necesito en ese instante (como esas visiones del Grial que el Caballero solo recuerda cuando no lo está buscando...). Y es así que últimamente he abierto mi propio baúl de tesoros para reencontrarme con una vieja amiga (no por su edad cronológica que por cierto desconozco sino por el tiempo que cuento desde que la conociera por primera vez ;). Su libro se llama El viaje hacia el éxtasis. Y la autora es Sophy Burnham.

En este libro, Sophy escribe sobre su viaje espiritual, sobre experiencias místicas suyas y de santos, científicos y gente 'común'... Escribe, en fin, sobre su camino espiritual y comienza manifestando algo con lo que me identifiqué totalmente desde la primera vez que leí su libro: qué difícil es hablar o escribir en primera persona sobre ciertos temas sin parecer arrogante y pretencioso. En especial cuando se refiere a temas de índole espiritual.

Pues tan solo imaginen lo que ella cuenta y que parafrasearé en mis propias palabras, sin tergiversar las suyas: "Un día, guiada por una mano invisible, llegué al lugar que me esperaba, donde sabía que algo sucedería desde hace mucho tiempo atrás y justo allí, en Macchu Picchu, tuve una revelación. Esa fue la experiencia mística más intensa que había tenido hasta entonces y que marcó mi vida; luego de la cual vendrían más y que contaré a lo largo de este libro".

Cuando un científico quiere publicar un artículo sobre un hallazgo suyo muy importante, se le pide que tenga pruebas con las cuales sostener sus ideas. Si el hallazgo del científico resulta de años de experimentación, seguramente esto no significará problema alguno... Pero si a una persona le ocurren estas cosas llamadas 'experiencias místicas' sin buscarlo, o tal vez habiéndolo buscado durante toda su vida, para escribir sobre ellas también debería tener pruebas o algo que garantizara al lector que se encuentra ante un libro que no contiene pura charlatanería; más aún cuando se sabe que la charlatanería se convierte en best sellers en un tiempo en que estamos tan desesperados (sin esperanza) que no tenemos el discernimiento necesario para distinguir lo que vale la pena de lo que no... Y en el que proliferan los 'falsos mesías'.

Pero Sophy, habiendo superado el primer obstáculo que significara el no tener más opción que obedecer la urgencia de su interior por contar sobre sus experiencias a pesar de lo que este prejuicio implicara, encontró la forma de dejar fluir las palabras en su maravilloso libro. Creo que, tomando en cuenta las consideraciones previas, lo empieza muy bien: empieza narrando cómo es que no tuvo más opción que obedecer el mandato de su corazón. Tenía mucho que contar. Y tenía que hacerlo. Por supuesto que, para su suerte, contó con la ayuda de 'voces' que le dejaron muy en claro cuál era su misión. Y digo "para su suerte" porque yo nunca he oído voces que disiparan mis dudas. No. A mí me ha tocado aprender a leer las señales sin voz alguna que me guiara. Al menos no voces 'audibles'... Lo cual después de tantos años de amargas quejas al respecto ;) ahora solo me resulta nada menos que... adecuado (jaja)... Considerando las dificultades a las que siempre me he enfrentado en lo que se refiere a mi camino espiritual...

Pero volvamos a Marco Vinicio Rueda. Él dijo lo siguiente en una conferencia*:

"Probablemente para algunos no va a ser el Zen un camino para la paz interior. Pero lo que importa es que nosotros todos nos resolvamos, por este o por otro camino, a buscar más paz interior, no para complacernos interiormente sino para servir mejor, para estructurar un mundo interior más de paz y podamos contribuir a que el Universo todo sea un himno de paz, un nido de amor, una mansión de luz. Vibrar con este ambiente de paz. Tener una revelación de la excelencia de la paz, en el sentido rico de la palabra revelar. No buscamos 'poseer una verdad', lograr un momento de hondura, sino que una vivencia se apodere de nosotros, nos posea, nos transforme, de modo que podamos ponernos al servicio de esa misma vivencia en el mundo".

Cuando leí estas palabras, tantos años después de que él las hubiera pronunciado, de inmediato se me reveló algo con absoluta claridad: SÉ LO QUE ES ESO... Sé lo que es que una vivencia se apodere de nosotros, nos posea, nos transforme, de modo que podamos ponernos al servicio de esa misma vivencia en el mundo... Lo que no sé es el cómo... Cómo ponerme al servicio de esa viviencia en el mundo... Uno siempre se considera muy pequeño, muy insignificante. Y de hecho lo es. Pero a pesar de esa pequeñez, a veces recibimos tanto. Ese ha sido el mayor conflicto de mi vida siempre, aunque mi maestro me insistiera incesantemente en que dejara de lado las preguntas innecesarias... INNECESARIAS... Siempre lo hacía parecer todo tan fácil.... ;):

- ¿Qué sacas preguntándote: ¿es este mi destino?... ¿es este mi destino?? Si estás aquí, es que este es tu destino... ¿No?

Solía decirme... (lo cual hasta hoy me sigue pareciendo muy ZEN ;)

Y aunque la vida contemplativa de muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia me resultara fascinante, siempre supe que yo no había nacido para eso. Tengo en mí un eje espiritual que me sostiene y sin el cual no soy nada. El que es para mí la esencia de todo cuanto soy. Y aunque practico meditación y sé la importancia de conectarme con ese eje, no pudiera ser una monja ni un asceta ni un sanyasin... No. Mi camino es el de la espada. Yo no sé si yo escogí este camino o si el camino me escogió a mí o si, en realidad, ambas cosas son lo mismo ;). Pero así es.

El camino de la guerra es el que me da a mí la paz interior.
Me hice guerrera y moriré así; aunque permítaseme aclarar que esto de la guerra es una metáfora y que nada tiene que ver con actos de violencia hacia los demás... Lo aclaro porque tengo algunos amigos a quienes esta palabrita les resulta perturbadora. Mi guerra es interna. Y se refiere al enfrentamiento constante con mi propio ego. Nada más que eso ;)

Debo confesar que practico meditación MUY A MI PESAR ;) Que pese a que he constatado todos sus maravillosos efectos y de que es algo que tengo que hacer, lo hago con un gran esfuerzo. Así que es fácil entender por qué el Zen me resultó tan fascinante, en primera instancia. El zen es el camino en la vida cotidiana, donde todo, absolutamente todo, puede ser un acto meditativo.. Ah... El WU WEI... que parece tan fácil ;) Pero no lo es. O tal vez sí. Y en realidad el máximo koan que tenemos que resolver -o no resolver- sea esta misma vida, con cada uno de sus momentos.

Resulta que el no hacer, el wu wei, tan solo se trata de ESTAR PRESENTE, de actuar sin mente... Durante años, durante duros años (cuando pienso en ellos no puedo escribirlos sin ese adjetivo ;), me enseñaron a observarme, a hacer de cada acto un acto meditativo, a obrar con desapego, a vivir de acuerdo a los preceptos zen, que son los preceptos budistas, que son los preceptos cristianos, que son los preceptos teosóficos, que son... Bueno... Discúlpenme la arbitrariedad de atreverme a afirmar que todo es lo mismo... Pero así lo siento ;) Y también encontré esto del Wu Wei en los libros de Castaneda, con aquello del desatino controlado, del desapego, de los no haceres, de la importancia de perder la importancia ;) personal...

Los caminos difieren pero el destino de llegada es el mismo.

Sophy también manifiesta esto en su libro. Volviendo a Sophy, su libro me ha brindado una respuesta, una vez más. Todo empezó hace poco cuando algunos de mis alumnos me preguntaron (a los adolescentes les encanta hacer preguntas extremadamente difíciles de contestar cuando no se puede contestarlas con una sola palabra):

- ¿Y cuál es su religión? ¿En qué cree?

Ante la posible letanía que terminaría por confundirles más y por confundirme más a mí misma cuando tratase de expresar con palabras lo que ciertamente no puede expresarse con palabras, opté por contestar:

- Yo... creo. Simplemente creo.

Lo que en ese momento fue solamente una respuesta para salir del paso, después se me reveló con total claridad como la única respuesta posible. Yo creo. Y esa es mi religión.

Si comenzara a enumerar todas las cosas en las que creo, necesitaría pruebas para cada una de ellas. Pruebas de cuyos métodos de experimentación, obviamente, carezco ;) Sophy narra en su libro algunas historias zen, así como narra historias de santos católicos, sufíes y judíos, así como de habla Sidharta; siendo el hilo conductor de sus páginas su propia historia, la de una mujer 'común y corriente', como ella se describe, madre, esposa, escritora, hija... Que también ha recorrido un camino espiritual.

Y entonces, fue su libro el que recordé aquel día en que tuve que contestar una de las preguntas que figuran en mi lista de preguntas capciosas que no me gusta contestar; no por inseguridad en las respuestas que danzan en el campo de mis certezas, sino por esa incomodidad a la que se refiere Sophy, que provoca el hablar de ciertos aspectos de uno mismo...

Siempre me he sentido absolutamente conforme con el hecho de que existan cosas que considero reales o en las que creo, aunque me resulte imposible hablar o escribir sobre ellas. Y de la misma forma, siempre me he sentido absoltuamente conforme con el hecho ineludible de que existan cosas de las que no se puede siquiera pretender hablar o escribir, a no ser por medios sutiles como el arte ;). Porque el arte utiliza otro lenguaje... El de los símbolos, ese que entiende el alma y que no necesita para nada de la mente racional que todo lo reduce, lo confunde, lo tergiversa.

Pero por otro lado, están las palabras... Ah... Las palabras que tanto amo. El hecho, también ineludible, de que amo escribir. Y de que, indefectiblemente, uno escribe sobre lo que es la vida o el mundo para uno. Uno, en definitiva, se escribe... cuando escribe ;) Como lo comprobó Sophy cuando tuvo que escribir libros, escribiendo sin escribir (wu wei), dejando que las palabras se escribieran a través suyo; o como lo comprobó el padre Rueda cuando tuvo que explicar la delicada e inaprensible naturaleza del Tao en sus libros y conferencias, después de haber vivido el Tao, es decir, de haber comprendido que este no puede ser explicado...

Qué paradoja tan interesante...

Y helos ahí, por doquier: libros, palabras, imágenes, papiros, jeroglíficos, calendarios, monumentos... Libros, en fin, que están para ser releídos una y otra vez... Pero los caminos siempre serán solo eso: caminos. Es en el caminar donde está la verdad. Y es el caminante quien ha de caminar...

Entonces se me ocurre una especie de rudimentario koan, ya que estamos en los terrenos del Zen: ¿Dónde está la verdad? ¿En el camino? ¿En el caminar? ¿En el caminante? ¿En los tres? Sí claro... el Tao es Todo y Nada... Es vacío infinito pero está en todas partes... El Tao es el Tao. Y punto ;)


Y en la danza del mundo
me vi reflejada
mil rostros en mi cara
y yo no era nada

Danzando en el mundo

vi mi mirada
en los ojos de otros rostros
y yo no era nada

En la danza del mundo

nada se movía...
Y aún así todo danzaba.

AGE QUOD AGIS



* Conferencia pronunciada en Quito, en enero de 1989 en el Centro de Desarrollo Integral.

martes, 8 de diciembre de 2009

Tu sarai la luna che non c’è...


Se il mondo intorno a noi

non ci assomiglia mai
dividilo con me...
Io lo prenderò e lo scaglierò lontano...




Tu sarai la luna che non c’è...


QUANT’È GRANDE QUESTO CIELO,
QUANTO SPAZIO C’È QUI DENTRO ME
E CI SARÀ ADESSO CHE
MI VUOI COSÌ ANCHE TU!!!!!!!

La luna que quiero solo existe en la noche de tus pupilas...


(Dejó escrito la Maga de los Mundos: Y cuando en mis noches no haya luna recordaré sus ojos y volveré a crear el mundo a partir de su mirada...)