Sucedió en una mañana como esta, hace algunos días. Una palabra llegó a mi mente: Efeméride... Simplemente salió de la nada.
¿La había leído en algún libro recientemente? ¿En algún blog? ¿Una brisa del recuerdo sacudió la hoja seca en la que estaba escrita y que dormía desmayada en el otoño de mi subconsciente?
No supe de dónde salió pero me sonaba interesante... Incluso musical: Efeméride... Y por eso me la repetía una y otra vez a distintas horas del día. Sé que fue en una mañana como esta porque cuando la escuché en mi mente abrí los ojos y miré por la ventana del coche en el que viajaba. Había mucho sol... Un sol radiante, de esos soles que solo se ven en la mitad del mundo ;) Y no era cualquier sol... Era el sol del 21 de diciembre, el sol del solsticio de invierno.
Con menos insistencia, mi mente me repitió la palabrita en los días sucesivos... Efeméride... Efeméride... No sé por qué sentía que la conocía, que sabía su significado aunque si en ese momento alguien me lo hubiera preguntado, no hubiera podido explicárselo.
Llegó la navidad. Y pasó ;). Una noche después de navidad, recibo un correo electrónico de una amiga muy querida. Me hacía llegar una postal de su propia creación. En el casillero de 'asunto' del correo, se leía... EFEMÉRIDES.
Los buenos deseos de su generoso corazón llegaron con el asombro que me produjo la palabrita... Esas sincronías, si bien ya no son nada raro para mí, siguen sorprendiéndome. Abrí el correo y vi la postal... Una preciosidad, como todas las cosas que crea su talento. Un bello amanecer, tan parecido a aquel con el que había adornado mi blog en navidad, resplandecía en el fondo de la foto, ensombreciendo la materialidad del mundo, sobre la cual se leían las bellas palabras escritas por mi querida Gárgola:
Las efemérides no conocen
los tiempos de la parsimonia...
Los calendarios no entienden
las estaciones del corazón
Algo entendió mi corazón en ese instante, porque se encogió... Y sentí una leve presión en el pecho que me obligó a mantener mi mirada fija en esas palabras. Supe entonces que mi corazón las recibía como un presagio... Un presagio de algo, pero no sabía de qué...
Las efemérides no conocen
los tiempos de la parsimonia...
Las efemérides son ciclos que siempre retornan. Es lo que deduje cuando por fin investigué el significado de la palabra. Son tiempos que regresan. Son momentos que reviven. Incluso son 'instantes' del cielo. Configuraciones astronómicas que se ven en un determinado momento... Y hasta mapas de esos momentos. Mi amiga, en su infinita sabiduría, sabe que para las efemérides el tiempo mundano pasa lento, sin importar... Porque las efemérides se miden desde la eternidad. Supongo que lo sabe porque a ella le encanta observar el tiempo. Le encanta jugar con él, crearlo, transformarlo en palabras.
Los calendarios no entienden
las estaciones del corazón
Tuvieron que pasar algunos días más para que las siguientes palabras revelaran aquello que anunciaran días atrás desde la pantalla de mi ordenador y que mi corazón supo apenas las leyó pero que en ese instante tan solo se tradujo por un hoyo negro en el centro de mi pecho. Mi corazón me lo reveló claramente: de una palabra a otra, de una mirada a otra, el tiempo no pasa. El corazón mide el tiempo en estaciones, no en segundos, días ni meses... El corazón mide el tiempo desde la última primavera en la que floreció, pasando por el otoño de la nostalgia que lo oprime, hasta el invierno en que siente el brote que duerme bajo la escarcha de la nieve y que anuncia su renacer... Esto también me lo reveló mi querida amiga cuando en un comentario me escribió: "Bajo la escarcha de hielo que ahora cubre el campo, está el brote que florecerá en la primavera".
¿Ya les he contado que vivo en la mitad del mundo? Las estaciones se suceden de diferente manera en los dos hemisferios... Pero aquí, en este punto del planeta que está dividido entre los dos hemisferios, las estaciones parecen sucederse a lo largo del día... A lo largo de la semana... A lo largo de un mismo mes. Y mi corazón se parece a la tierra en la que palpita. Recuerdo la vez en que una carta fue su equinoccio de primavera, cuando se sintió 'más cerca' del sol del amor. Y recuerdo cómo floreció en esa primavera. Recuerdo cómo en un marzo se despidió del sol que lo abrigaba y cayó en el letargo de un invierno en el que el tiempo se congeló. Recuerdo también cómo un abrazo le devolvió la vida y lo hizo renacer con el sol de la pasada navidad...
Efemérides...
Ahora entiendo el significado de la palabra... Ahora, que pareces estar volviendo... La historia de mi vida contigo, en cambio, se cuenta en efemérides. En largas ausencias: de ti, del tiempo que no pasa, de calendarios que no importan; y en retornos que no espero, que no imagino, que dependen de alguna configuración cósmica que no sé cuándo sucederá. Pero al parecer mi corazón lo sabe y anuncia tu llegada en cada estación. Yo lo supe hace mucho: no soy dueña de esta historia. Es el destino el que marca las estaciones en las que se ha de contar. Y yo solo espero... Nada más.



