viernes, 1 de marzo de 2013

Well well...

En la tierra de los porqués se evapora una nueva interrogante. Tu nombre se me aparece de la manera más fortuita y no, no porque yo lo haya invocado. Simplemente porque aún en la tierra de los porqués hay interrogantes que quedan sin respuesta, especialmente cuando preguntarlas es un ejercicio de elemental retórica.

Prefiero besarte a la distancia. Así no hay malentendidos: estás y estoy, frente a frente y en distintos tiempos. No hay una alternativa diferente al beso. Es imperativo. Nuestros encuentros solo duran un beso.


viernes, 1 de febrero de 2013

Purr...

Tengo un tatuaje, un piercing en la nariz y un gato. Y en este momento una revelación nada novedosa: París es uno de los principales escenarios de novelas de todo tipo. Además, acabo de ser instruida sobre un dato curioso /me encanta que me cuentes cosas que ignoro. Te me vuelves insoportablemente atractivo/: durante el boom latinoamericano no hubo ningún escritor ecuatoriano (ese no es todavía el dato curioso. El dato curioso viene a continuación). Carlos Fuentes y José Donoso -que sí fueron parte del boom- se inventaron al único escritor ecuatoriano que perteneció al boom: Marcelo Chiriboga; quien más tarde llegó a ser el personaje principal de una novela de Diego Cornejo -nunca he leído nada suyo-. Interesante... Aún no leo la novela pero aunque al parecer no es nada nuevo /igual que aquello sobre París/ que un personaje de ficción sea el protagonista de una novela porque al fin y al cabo todos los protagonistas de novela son ficticios aunque sean reales -algunos solo así se vuelven realmente reales-, me gusta pensar que un personaje de ficción haya sido concebido como personaje histórico y que luego haya vuelto a ser personaje ficticio de novela interpretando su propio papel de personaje histórico...

Los gatos tienen la felina costumbre de agazaparse antes de saltar sobre su 'presa': una sombra, algo brillante, una pelotita, mis dedos del pie... Se agazapan, enfocan su objetivo /mientras menean adorablemente su parte trasera/ y saltan. Milan Kundera acaba de escribir hace un instante en su Nesmrtelnost de 1990: "Puede que solo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad". Agazapadas, esas palabras esperaban en la página 8 para lanzarse sobre mí, enfocando su atención en mi mirada mientras bajaba por las líneas que les precedían. Me atrapan y me dejan inmóvil, presa de esa sensación tan agradable que se tiene cuando alguien dice o escribe lo que uno siempre ha sentido. Mágico encuentro entre escritor y lector en el que se hacen amigos íntimos por un instante.

Aparte del tatuaje, el piercing y el gato, tengo una costumbre arraigada desde mi cursi adolescencia: leo un poema diario. A veces en otro idioma que no es el mío y a veces en uno que no conozco: siempre pensé que se puede entender la poesía a pesar de no conocer la lengua en la que está escrita /se la 'siente' digo yo.../. Por eso leo el poema en voz alta a pesar de no tener idea de cómo se pronuncian las palabras. Luego trato de traducirlo por mis propios medios hasta que me aburro y entonces busco una traducción en Internet para ponderar mi éxito en la autoimpuesta tarea de captar la esencia de la poesía. Hoy me encontré con uno de los poetas que más me agradan y con un poema de amor que haría suspirar a cualquiera... Que gustara de suspirar por amor, por supuesto.

Me quedo mirando fijamente el techo inclinado de mi sala mientras lo uso como lienzo para dibujar las imágenes que me sugiere el poema: una mano que se estira para acariciar un nombre dibujado en el aire que solo puede ver la pobre alma enamorada para poder traer al amado ausente y poder tocarle, besarle, terminar con la agonía que le ha provocado su asusencia... Qué nostalgia me ha provocado...

Curiosamente, mi tatuaje se relaciona con el título del libro que estoy leyendo y encuentro esa misma palabra en el primer párrafo de la novela de Cornejo que abro para saber si la leeré a continuación: "...a esa edad en que algunos somos involuntariamente INMORTALES...". La inmortalidad... Si es verdad que los gatos la experimentan durante siete vidas, no sé por cuál va el mío pero me agrada que comparta la que le toca conmigo. Los gatos también deben saber de sincronía porque viven absolutamente inmersos en un eterno presente fugaz. Para ellos, toda su/s/ vida/s/ se debe/n/ circunscribir al exacto instante que están viviendo en el exacto instante en que lo viven. 

La inmortalidad, la edad en la que somos inmortales, mi gato enrollado sobre sí mismo (¿se dice acurrucado?) a mi lado, las palabras recién escritas en una novela del siglo pasado. La flor de lis tatuada en mi antebrazo. El piercing en mi nariz que no tiene nada que ver con todo lo demás, incluyendo el hecho de que siempre quise conocer París... Y leer en un café sur les rives du la Seine un poema de amor... Acabo de elegir cuál será: "Eloisa to Abelard". No fue intencional la ironía de que Pope sea inglés... Y acabo de caer en cuenta de que esto rompería lo cliché de la escena. Mi suspiro por semejante poema podría diluirse en el río hasta llegar a un mar que bañe playas ecuatorianas. Porque sí. Porque en una de esas playas está escrito mi nombre junto al nombre que 'mi corazón dicta y mi mano escribe', como Pope hace que le ocurra a Eloisa. Alguna de las playas en las que Marcelo Chiriboga, de haber existido, se hubiera sentado a escribir porque esas playas inspiran a cualquiera...

Ah sí... También tengo una fascinación por las playas ecuatorianas. Y la nieves. Y las selvas. 

A veces siento que podría sentarme un día a escribir y nunca parar. Porque de las palabras nacen palabras. Y desde un punto inmóvil se puede ver el fluir incesante del tiempo. Luego pienso que uno necesita material sobre el cual escribir. Entonces toca levantarse y seguir viviendo. 

He dejado esperando a Milan Kundera junto a mi gato para escribir esto. Supongo que tienen algo en común aparte de mí: el uno escribe sobre la inmortalidad y el otro es inmortal. Como todos lo somos en algún momento...

In these deep solitudes and awful cells,
Where heavenly-pensive contemplation dwells,
And ever-musing melancholy reigns;
What means this tumult in a vestal's veins?
Why rove my thoughts beyond this last retreat?
Why feels my heart its long-forgotten heat?
Yet, yet I love! — From Abelard it came,
And Eloisa yet must kiss the name.

Dear fatal name! rest ever unrevealed,
Nor pass these lips in holy silence sealed.
Hide it, my heart, within that close disguise,
Where mixed with God's, his loved idea lies:
O write it not, my hand — the name appears
Already written — wash it out, my tears!
In vain lost Eloisa weeps and prays,
Her heart still dictates, and her hand obeys.

Alexander Pope /Eloisa to Abelard - fragmento/





(Tengo, además, un rechazo invariable a traducir poemas en inglés al español, supongo que por la misma razón de mi rechazo hacia las películas dobladas...)


Título de la foto: My hand touching your name... /luego de una de las pocas manicuras que me hecho en la vida. No creo habérmela hecho solo para tocar tu nombre. Feliz coincidencia para la foto nada más.../. La misma mano del antebrazo en el que está mi tatuaje. La misma mano que tomó tu mano. La mano que escribió nuestra historia en la arena. La mano que acaricia al gato. La mano que sostendrá el libro en París. La mano cuyas líneas cuentan la edad que no tengo...

Como punto final, mi gato muerde la esquina del libro de Cornejo mientras ronronea. Aún los seres inmortales tienen costumbres tan prosaicas... Le riño porque la diarrea no me parece digna de un ser tan aristocrático como un gato mestizo... Su respuesta es la sí aristocrática costumbre de maullarme: no le ha caído nada en gracia que terminara con su diversión y me lo deja saber elocuentemente y mirándome a los ojos: "¡miñeau!" y se aparta unos cuantos centímetros a lamerse. Se mima. Porque le da la regalada gana. Porque nadie le dice qué hacer o qué no. Y aún así resulta adorable, como la feliz coincidencia con la que me reciben las líneas en las que retomaré en pocos segundos mi lectura, abandonada en la parte en que el escritor hace alusión a un poema de Goethe: "La idea del poema es sencilla: en el bosque todo duerme, tú también dormirás. El sentido de la poesía no consiste en deslumbrarnos con una idea sorprendente, sino en hacer que un instante del ser sea inolvidable y digno de una nostalgia insoportable. Con la traducción literal el poema lo pierde todo. Solo se capta su belleza leído en alemán".

¡Ooooh Milan! ¡Tú me entiendes!! Segundo encuentro mágico en apenas 34 páginas. Pensarías lo mismo de las películas dobladas, estoy segura... ¿Y eso de la 'nostalgia insoportable'? Exactamente eso: eso mismo me provocó el poema de Pope hoy. Por eso te elijo como mi compañero de medianoche de hoy /creo que yo también he ronroneado al leer aquello/ *



viernes, 18 de enero de 2013

Hic et nunc


Mi problema con el pasado es que lo desestimo categórica, conceptual e hipotéticamente. Simplemente siento que soy un soplo de vida que se exhala a cada instante. 

Mi mala memoria ha logrado proporciones épicas. No es solo que no recuerde detalles del pasado inmediato sino que la amnesia selectiva es cada vez menos selectiva porque ya no discrimina lo que debería recordar o vale decir también que su rango de selección es cada vez más amplio y así lo abarca... Todo.

No me preocupa realmente este fenómeno. No tengo conciencia de todo lo que olvido pero cada vez que siento que estoy más... 'ligera', sé que de mi conciencia ha sido extirpado algún potencial 'pasado'. No sé si se trata de una deficiencia de mi psiquis o de una costumbre arraigada de forma inconsciente con el paso de los años-vidas /que he olvidado/ por mi mente que funciona de forma autónoma y muy a su antojo... Pero he aquí la certeza que ha resultado de este peculiar fenómeno: no tengo nombre. Ni edad. Ni historia. Sé que en algún pretérito están los orígenes de los lazos, los afectos, las certidumbres que 'soy'. Pero apenas me doy cuenta de que, en realidad, no soy eso, el pasado vuelve a inexistir... Y yo a existir como una extraña materialización del instante. Y si, acaso, reconozco alguna palabra que me 'defina', ese nombre es un sonido atemporal pronunciado de forma intraducible para ninguna lengua conocida...






domingo, 6 de enero de 2013

Sobrevuelo


Esta indiferencia hacia todo porqué prematuro ha ocasionado que deje de preguntarme cuál es el sentido de todos los aparentes sinsentidos con que la vida nos regala muy a menudo... El porqué llega a revelarse en el momento oportuno. Si es de nuestro gusto o no lo que nos sucede no tiene la menor importancia. Está sucediendo y punto. Nada que hacer al respecto. 

No sé por qué tengo la necia necesidad de volar en pedazos esta absurda realidad. La marcha zombie de una sociedad en decadencia llega a hacerme sentir tan fuera del lugar, que en vez de la sabia actitud filosófica descrita ut supra, cedo con facilidad a una abulia rayana en la desidia. Bogar contracorriente es extenuante. Pero ir con la corriente sería suicida. ¿Y por qué no preferir el dulce remanso de la muerte? Recordatorio mental: no dejarse engañar. La muerte deja de ser dulce cuando es en vida...

Entonces, otra vez, la encrucijada: renovar fuerzas, recrearse desde las cenizas /oh sí... la grandilocuente imagen mental del ave que resurge victoriosa del fuego abrasador que acabó con su existencia y que cada vez me hace menos gracia porque vamos... Eso no sucede así de fácil/; o dejar que la corriente en la que los seres humanos normales /yo soy un gran 'fail' de este sistema/ se solazan me arrastre definitivamente hacia aguas menos turbulentas...

Miento. (¿Por qué?) Nunca me detengo en la encrucijada. Ni siquiera es una encrucijada. Uno es lo que es. Ni siquiera considero la opción de pretender ser lo que no soy por muy prometedor que sea el panorama de una vida estilo lo-que-debe-ser o lo-que-se-espera-de-uno o lo-que-es-coherente-con-esta-realidad-en-la-que-vives.

Estoy harta. El zeitgeist de este tiempo no es un espíritu inocuo sino que es de esos que aparecen en las películas de horror: un espectro que acecha mostrando su execrable rostro y que, irónicamente, provoca en mí lo mismo que esos monstruos de las películas de horror: me da risa. Pero no por eso es menos molesto. Y ya entrados en detalles me atrevo a confesar que también me causa un poco de miedo; pero no es el miedo-respuesta-huir, sino el miedo hondo hacia lo que es inevitable. Está en todas partes. En las escuelas, en los gobiernos, en las miradas vacías de quienes lo alimentan sin saberlo.

En fin. El desahogo tiene un efecto terapéutico pasajero. No caigo en la trampa de creer que este alivio sea duradero. La normosis del mundo se revelará a cada paso que dé y yo volveré a sentirme fuera del lugar. Y ya no me preguntaré ¿por qué? Aquí estoy. En este ahora. No hay nada que hacer. En la pregunta está la respuesta: estoy aquí y ahora porque es aquí y ahora donde debo estar.

Quisiera un cambio de domicilio espacio-temporal... Pero me temo que tendré que esperar para ello... Pero ¿cuánto? Sí, sí... Cuanto sea necesario /si es que no quiero volver a a repetir la amena experiencia/... Mientras tanto, escribir. Regalarme de vez en cuando esa libertad de las letras. Ese escape momentáneo. Esa divina soledad en la que puedo quejarme a gusto del absurdo mundo en el que vivo...




miércoles, 26 de diciembre de 2012

Identidad


Si el mundo se acabó yo, de alguna manera, todavía sigo soñando que existo en este planeta.

/Tal vez planeta no sea lo mismo que plano y tal vez existir no sea lo mismo que ser/


Siempre volvemos a la hora primera del día con todo lo que somos. Pero un segundo antes de despertar no sabemos que estamos en otra realidad. Ese 'yo' duerme mientras dura la luz del sol y despierta nuevamente en las noches. 

Una parte de nosotros duerme mientras la otra está despierta. Somos el sueño de un 'yo' que no conocemos... 

¿Cuál es el sueño?



sábado, 8 de diciembre de 2012

El hilo de Ariadna

"De regreso al laberinto donde, una de dos: nos encontramos o nos perdemos para siempre"

W.H. Auden


Entre sueños recurrentes voy hallando fragmentos de la trama que subyace. El laberinto del subconsciente tiene recovecos que son habitados por toda suerte de seres incorpóreos que no son solo seres. Son formas hechas de una materia inasible. Máscaras de uno mismo. Arquetípicos reflejos que nos devuelve el único espejo en el que podemos vernos. Materializaciones no materiales de ideas. Migas de pan que se van dejando en un camino que nunca se sabe si es de ida o de regreso...
 
Yo entro bailando al inconsciente y bailando recorro el camino de regreso a la conciencia. El hilo de Ariadna se desovilla con cada movimiento. Los nudos que enmarañan mi entendimiento se deshacen por unos minutos mientras dura la música. Y cuando la música cesa y el movimiento se detiene, aparece luminoso el hilo desenredado. No importa qué pase después. Sé que he avanzado y no me preocupa llegar. "No te preocupes de llegar sino de avanzar. Ir avanzando es ir llegando", decía Alejandro*. Pero a veces mi mente no lo comprende. Es demasiado humana. Solo cuando la adormezco con música aparece el entendimiento. Las somníferas notas musicales producen el letargo necesario para que se cree el silencio y la nada. La oscuridad del instante que es necesaria para que brille la luz. El movimiento dibuja los símbolos. Los símbolos encarnan las imágenes. VEO.

La luz... Sueño recurrente entre mis sueños y, por antonomasia, palabra que reluce entre mis palabras. Mi favorita. Mi nota musical preferida, la que hace vibrar las cuerdas de mi alma en perfecta resonancia.

Bailando entro al laberinto... Bailando me quedo. Bailando me pierdo. Bailando me encuentro... 



* Jodorowski

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Eritis sicut Deus




Luz y oscuridad se enfrentan. El campo de batalla es el  mundo. El campo de batalla es el alma. Despertar no es fácil cuando se viene de ningún lugar del sueño. Cierro los ojos y veo la luz. Abatimiento, desencanto y fatiga... La estela de algún furtivo pensamiento feliz me obliga a seguirla con la mirada. Solo es visible mientras rasga el manto de la noche oscura. Una noche sin luna, sin promesa...

No todo lo que alumbra es sol. La escurridiza sombra va dejando polvo de estrellas. Cierro las persianas apenas amanece. No quiero engañarme: si la aurora no canta no nace aún el día. Tal vez los colores en los que se deshace el crepúsculo prefiguran el momento tan anhelado: luz y oscuridad se amalgaman en el clamor de mi alma... La batalla no cesa. Los días se acaban y las noches son eternas. A veces las noches son suspiros de luz negra y el sol de las mañanas es una luna disfrazada... Eclipsada la mirada, camino a tientas y mis dedos rozan un vacío abisal que se hace diminuto en la palma de mi mano. Sigo... Porque no tengo opción. Los dos instantes del delirium tremens soy yo. Luz y oscuridad en macabra danza. En la alquímica unión de la vasta nada. El Todo secreto sobre el que hacen eco mis pasos, sin punto de llegada ni posibilidad de retorno. 

No espero susurros ni voces. 
No busco señales ni indicios. 
No leo en las constelaciones 
el lenguaje arcaico de los siglos perdidos. 

La poesía se evapora de mis lágrimas...


Sin querer escribo cuatro versos que caen como gotas de lluvia en cámara lenta hacia el asfalto. Curiosamente encuentran una sedienta flor...