Tengo un tatuaje, un piercing en la nariz y un gato. Y en este momento una revelación nada novedosa: París es uno de los principales escenarios de novelas de todo tipo. Además, acabo de ser instruida sobre un dato curioso /me encanta que me cuentes cosas que ignoro. Te me vuelves insoportablemente atractivo/: durante el boom latinoamericano no hubo ningún escritor ecuatoriano (ese no es todavía el dato curioso. El dato curioso viene a continuación). Carlos Fuentes y José Donoso -que sí fueron parte del boom- se inventaron al único escritor ecuatoriano que perteneció al boom: Marcelo Chiriboga; quien más tarde llegó a ser el personaje principal de una novela de Diego Cornejo -nunca he leído nada suyo-. Interesante... Aún no leo la novela pero aunque al parecer no es nada nuevo /igual que aquello sobre París/ que un personaje de ficción sea el protagonista de una novela porque al fin y al cabo todos los protagonistas de novela son ficticios aunque sean reales -algunos solo así se vuelven realmente reales-, me gusta pensar que un personaje de ficción haya sido concebido como personaje histórico y que luego haya vuelto a ser personaje ficticio de novela interpretando su propio papel de personaje histórico...
Los gatos tienen la felina costumbre de agazaparse antes de saltar sobre su 'presa': una sombra, algo brillante, una pelotita, mis dedos del pie... Se agazapan, enfocan su objetivo /mientras menean adorablemente su parte trasera/ y saltan. Milan Kundera acaba de escribir hace un instante en su Nesmrtelnost de 1990: "Puede que solo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad y que la mayor parte del tiempo carezcamos de edad". Agazapadas, esas palabras esperaban en la página 8 para lanzarse sobre mí, enfocando su atención en mi mirada mientras bajaba por las líneas que les precedían. Me atrapan y me dejan inmóvil, presa de esa sensación tan agradable que se tiene cuando alguien dice o escribe lo que uno siempre ha sentido. Mágico encuentro entre escritor y lector en el que se hacen amigos íntimos por un instante.
Aparte del tatuaje, el piercing y el gato, tengo una costumbre arraigada desde mi cursi adolescencia: leo un poema diario. A veces en otro idioma que no es el mío y a veces en uno que no conozco: siempre pensé que se puede entender la poesía a pesar de no conocer la lengua en la que está escrita /se la 'siente' digo yo.../. Por eso leo el poema en voz alta a pesar de no tener idea de cómo se pronuncian las palabras. Luego trato de traducirlo por mis propios medios hasta que me aburro y entonces busco una traducción en Internet para ponderar mi éxito en la autoimpuesta tarea de captar la esencia de la poesía. Hoy me encontré con uno de los poetas que más me agradan y con un poema de amor que haría suspirar a cualquiera... Que gustara de suspirar por amor, por supuesto.
Me quedo mirando fijamente el techo inclinado de mi sala mientras lo uso como lienzo para dibujar las imágenes que me sugiere el poema: una mano que se estira para acariciar un nombre dibujado en el aire que solo puede ver la pobre alma enamorada para poder traer al amado ausente y poder tocarle, besarle, terminar con la agonía que le ha provocado su asusencia... Qué nostalgia me ha provocado...
Curiosamente, mi tatuaje se relaciona con el título del libro que estoy leyendo y encuentro esa misma palabra en el primer párrafo de la novela de Cornejo que abro para saber si la leeré a continuación: "...a esa edad en que algunos somos involuntariamente INMORTALES...". La inmortalidad... Si es verdad que los gatos la experimentan durante siete vidas, no sé por cuál va el mío pero me agrada que comparta la que le toca conmigo. Los gatos también deben saber de sincronía porque viven absolutamente inmersos en un eterno presente fugaz. Para ellos, toda su/s/ vida/s/ se debe/n/ circunscribir al exacto instante que están viviendo en el exacto instante en que lo viven.
La inmortalidad, la edad en la que somos inmortales, mi gato enrollado sobre sí mismo (¿se dice acurrucado?) a mi lado, las palabras recién escritas en una novela del siglo pasado. La flor de lis tatuada en mi antebrazo. El piercing en mi nariz que no tiene nada que ver con todo lo demás, incluyendo el hecho de que siempre quise conocer París... Y leer en un café sur les rives du la Seine un poema de amor... Acabo de elegir cuál será: "Eloisa to Abelard". No fue intencional la ironía de que Pope sea inglés... Y acabo de caer en cuenta de que esto rompería lo cliché de la escena. Mi suspiro por semejante poema podría diluirse en el río hasta llegar a un mar que bañe playas ecuatorianas. Porque sí. Porque en una de esas playas está escrito mi nombre junto al nombre que 'mi corazón dicta y mi mano escribe', como Pope hace que le ocurra a Eloisa. Alguna de las playas en las que Marcelo Chiriboga, de haber existido, se hubiera sentado a escribir porque esas playas inspiran a cualquiera...
Ah sí... También tengo una fascinación por las playas ecuatorianas. Y la nieves. Y las selvas.
A veces siento que podría sentarme un día a escribir y nunca parar. Porque de las palabras nacen palabras. Y desde un punto inmóvil se puede ver el fluir incesante del tiempo. Luego pienso que uno necesita material sobre el cual escribir. Entonces toca levantarse y seguir viviendo.
He dejado esperando a Milan Kundera junto a mi gato para escribir esto. Supongo que tienen algo en común aparte de mí: el uno escribe sobre la inmortalidad y el otro es inmortal. Como todos lo somos en algún momento...
In these deep solitudes and awful cells,
Where heavenly-pensive contemplation dwells,
And ever-musing melancholy reigns;
What means this tumult in a vestal's veins?
Why rove my thoughts beyond this last retreat?
Why feels my heart its long-forgotten heat?
Yet, yet I love! — From Abelard it came,
And Eloisa yet must kiss the name.
Dear fatal name! rest ever unrevealed,
Nor pass these lips in holy silence sealed.
Hide it, my heart, within that close disguise,
Where mixed with God's, his loved idea lies:
O write it not, my hand — the name appears
Already written — wash it out, my tears!
In vain lost Eloisa weeps and prays,
Her heart still dictates, and her hand obeys.
Alexander Pope /Eloisa to Abelard - fragmento/
(Tengo, además, un rechazo invariable a traducir poemas en inglés al
español, supongo que por la misma razón de mi rechazo hacia las
películas dobladas...)
Título de la foto: My hand touching your name... /luego de una de las pocas manicuras que me hecho en la vida. No creo habérmela hecho solo para tocar tu nombre. Feliz coincidencia para la foto nada más.../. La misma mano del antebrazo en el que está mi tatuaje. La misma mano que tomó tu mano. La mano que escribió nuestra historia en la arena. La mano que acaricia al gato. La mano que sostendrá el libro en París. La mano cuyas líneas cuentan la edad que no tengo...
Como punto final, mi gato muerde la esquina del libro de Cornejo mientras ronronea. Aún los seres inmortales tienen costumbres tan prosaicas... Le riño porque la diarrea no me parece digna de un ser tan aristocrático como un gato mestizo... Su respuesta es la sí aristocrática costumbre de maullarme: no le ha caído nada en gracia que terminara con su diversión y me lo deja saber elocuentemente y mirándome a los ojos: "¡miñeau!" y se aparta unos cuantos centímetros a lamerse. Se mima. Porque le da la regalada gana. Porque nadie le dice qué hacer o qué no. Y aún así resulta adorable, como la feliz coincidencia con la que me reciben las líneas en las que retomaré en pocos segundos mi lectura, abandonada en la parte en que el escritor hace alusión a un poema de Goethe: "La idea del poema es sencilla: en el bosque todo duerme, tú también dormirás. El sentido de la poesía no consiste en deslumbrarnos con una idea sorprendente, sino en hacer que un instante del ser sea inolvidable y digno de una nostalgia insoportable. Con la traducción literal el poema lo pierde todo. Solo se capta su belleza leído en alemán".
¡Ooooh Milan! ¡Tú me entiendes!! Segundo encuentro mágico en apenas 34 páginas. Pensarías lo mismo de las películas dobladas, estoy segura... ¿Y eso de la 'nostalgia insoportable'? Exactamente eso: eso mismo me provocó el poema de Pope hoy. Por eso te elijo como mi compañero de medianoche de hoy /creo que yo también he ronroneado al leer aquello/ *